Trabajo presentado al Congreso de
Historia de la Enfermería
Granada 2004
Agradecimientos:
En especial al Doctor Francisco Etxeberría Gabilondo.
Medicina Legal y Forense. Facultad de Medicina y Odontología. Universidad del
País Vasco. Que me pasó el material con el que hemos podido trabajar, así como
ver in situ los restos y objetos aparecidos.
Lourdes Herrasti. Departamento
de Antropología de la Sociedad de Ciencias Aranzadi.
Javier Ortiz Lejarza.
Licenciado en Geografía e Historia. Sociedad de Ciencias Aranzadi.
Eloy Alonso. Fotógrafo.
Pedro de la Rubia y José Antonio Landera.
Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Asturias.
Jorge Mínguez Arias e Iván
Santolalla Arnedo.
Y a todos los que han hecho posible el recuperar
esta parte tan importante de la historia.
En Valdediós se ha hallado la fosa con más mujeres “enfermeras” fusiladas en España.
Estas compañeras enfermeras fueron fusiladas junto con
otras personas que también trabajaban en el entonces Hospital Psiquiátrico de Valdediós.
Momentos antes de su ejecución fueron obligadas a cavar
su propia tumba.
Recuperar este triste episodio de la historia de la
Enfermería debe ayudarnos a no olvidar, y a trabajar para que hechos, como
estos, no se puedan volver a repetir.
La investigación en torno a los hechos acaecidos en Valdediós en octubre de 1937, surge de la Asociación para
la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), enmarcada en la Declaración
sobre la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas,
aprobada por la Asamblea General de la ONU en su resolución 47/133 de 18 de
Diciembre de 1992.
La finalidad de la investigación es de carácter
puramente humanitario, para recuperar la dignidad de los asesinados,
reconfortar a los familiares y ofrecer una sepultura digna, evitando cualquier
atisbo de rencor, odio o venganza.
El Hospital Psiquiátrico de La
Calellada (Oviedo) queda dentro del cerco republicano
a Oviedo en octubre de 1936, abandonado por sus defensores dejando atrás
enfermos y personal de servicio, siendo ocupado el día 13. A los 5 días lo abandonan
para dirigirse con el personal y los enfermos primero a Gijón, y posteriormente
al monasterio de Valdediós, habilitado
provisionalmente como centro asistencial.
A su llegada a Valdediós,
casi todo el personal se afilia al Socorro Rojo Internacional, Sección Villaviciosa.
Militarmente la ofensiva republicana fracasa, y
tienen que abandonar a su vez el hospital cinco días después, es decir, el día
18. Los milicianos, en cambio, llevan consigo a parte de los enfermos y del
personal, estos últimos tras una estancia breve en Gijón para completar la
plantilla se dirigen a un antiguo monasterio cisterciense en Valdediós, cercano a Villaviciosa.
El Monasterio de Valdediós
construido en el año 1200 por Alfonso IX de León, que originariamente estuvo
habitado por monjes cistercienses venidos de Sta.
María de Sobrado (Galicia) hasta que hubo de ser abandonado por la
desamortización de Mendizábal del S.XIX, aún así
algunos de los monjes permanecieron en el monasterio
hasta su muerte. Se encuentra al lado de la iglesia prerrománica asturiana de
San Salvador de Valdediós.
Este monasterio fue habilitado por las autoridades
sanitarias republicanas para hospital y en él estuvieron los protagonistas de
estos sucesos casi un año. Algunos empleados del hospital psiquiátrico se
hicieron acompañar de sus familias, con las que fueron ocupando casas
deshabitadas, alquilando habitaciones, o incluso en el propio monasterio, etc.,
donde la vida transcurrió con bastante normalidad, y donde incluso sus hijos
pudieron acudir a una escuela cercana.
Algunas de
las personas que trabajaban en el Hospital Psiquiátrico, se trasladaron a Valdediós con sus familias, ocupando algunas casas
deshabitadas, alquilando habitaciones o incluso en el propio monasterio.
Durante un
año, aproximadamente, los pacientes (en su mayoría enfermos mentales y algunos
heridos de guerra) junto con los trabajadores del Hospital y sus familiares
convivieron con normalidad, e incluso los hijos de estos acudían a una escuela
cercana.
Lo que sucedió en Valdediós
fue especialmente importante por darse tres circunstancias especiales:
Porque al parecer no fue la habitual represión
política de la Guerra Civil.
La implicación de un capellán de la Iglesia Católica
en los asesinatos, al permitir y "bendecir"
la matanza.
La responsabilidad criminal de una unidad regular
del Ejército Español "nacionalista" en 1937
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Resumen de los
hechos:
El 22 de octubre de 1937 hacia las 15 horas llegan
al Monasterio de Valdediós dos compañías del IV
Batallón de Montaña Arapiles nº 7, entonces perteneciente a la VI Brigada de
Navarra, alojándose
en dicho monasterio. Al llegar el capellán castrense dijo la misa en el
exterior y a la que tuvieron que asistir los trabajadores del hospital y
también los vecinos del lugar.
Las personas que trabajaban en el Hospital,
funcionarios civiles no combatientes y que jamás habían empuñado un arma,
consideraron que no tenían nada que temer, pues estaban cumpliendo con su
obligación como funcionarios dependientes de la Consejería de Sanidad.
“No temas, que por cuidar dementes no me va a pasar nada” Le decía a su esposa
Emilio Montoto, enfermero fusilado. Fue la última vez
que lo vio con vida a su esposo
El día 26 a las nueve de la mañana apareció un
sujeto vestido de negro con un a carpeta de la que extrajo una lista, que hizo
llegar al Oficial de turno.
Llamaron nominalmente a las personas de dicha
lista y las retuvieron en el Convento.
En Valdediós había
pacientes, enfermos mentales, algunos heridos de guerra, psiquiatras y
enfermeras. Llegaron estas unidades militares y detuvieron a cinco personas.
Algunos fueron fusilados en Gijón.. Los otros
enfermos, psiquiatras y enfermeras permanecieron en Valdediós
hasta el día de los hechos.
Ese mismo día, los soldados ordenan al personal
del centro organizar una fiesta con baile incluido en el recinto hospitalario,
al que tenían que asistir obligatoriamente
las enfermeras. Las propias enfermeras preparan la cena, que se desarrolla en
la “sala de física”, con gran consumo de alcohol y todo tipo de abusos
sexuales. Según diferentes testimonios de supervivientes los militares violan a aquellas mujeres y
posteriormente fusilarlas en el “Prau de Don Jaime”.
Las mujeres se ponen a gritar aterrorizadas, se oyen
gritos por todo el recinto, y en ese momento hace su aparición un capellán
militar. Ordena que todo el mundo calle ante tanto bullicio y pregunta qué es
lo que ocurre con ese escándalo. Las mujeres ven la puerta del cielo abierta,
tal vez el cura las salve del final que les espera.
Pero el capellán se limita a darles la absolución, e
incluso anima a sus viriles soldados a que sigan
haciendo "lo que tienen que hacer". También asesinaron a los cuatro
celadores, al pinche de cocina y a una niña de 15
años, hija de una enfermera que se hallaba en casa de la cocinera: Los
soldados, al oír unos ruidos extraños en la casa, preguntaron "¿Quién esta
ahí?". "Una niña, hija de una enfermera", responde alguien.
También la asesinaron.
Tras obligarles a excavar su propia fosa, fueron
asesinadas a tiros.
Parece ser que los soldados les hicieron excavar su
propia fosa, entre un bosque de castaños, hoy en día talado y que ha dificultado
la localización de la fosa, al haber cambiado el paisaje que queda
aproximadamente a unos 200 metros del monasterio, donde les asesinaron a tiros,
y las medio enterraron a poca profundidad. Quedaron brazos y piernas que
todavía asomaban entre la tierra.
Al día siguiente desde el monasterio-hospital, los
vecinos recordaban que se observaba una retahíla de zapatos, batas, trozos de
vestidos y otros objetos personales que marcaban el macabro camino que habían
seguido los asesinos desde el monasterio hasta la fosa, lugar donde
"ejecutaron" y enterraron a sus víctimas con toda impunidad y las
necesarias bendiciones del capellán. Fue tal la impresión en la comarca, que
los niños del lugar nunca más fueron a recoger castañas en esa zona.
Durante muchos años los lugareños no se ponían de
acuerdo en la autoría de los hechos. Unos decían que los asesinos iban al mando
de un tal "Arapiles", otros decían que eran unos del pueblo de
Arapiles, otros en cambio afirmaban que eran militares del Arapiles. En lo que
sí estaban todos de acuerdo que el nombre "Arapiles" estaba
involucrado en el crimen.
Años más tarde se ha podido averiguar que estos
hechos los realizaron miembros de una unidad militar regular del ejército
franquista: el IV Batallón Arapiles nº 7. No fueron ni falangistas, ni moros,
ni desertores, ni una milicia desbandada. Y la Iglesia tuvo un papel activo. No
se trataba de represión política, era sencillamente que tenían total impunidad,
ellos, los "Vencedores de la Cruzada" podían hacer lo que les viniera
en gana. Los asturianos "rojos" no eran para ellos seres humanos:
eran vencidos. Y todo esto lo hacían en el nombre de "¡Viva Cristo
Rey!"
Entre los años 1965 y 1970, siendo entonces una señora la encargada de enseñar el Monasterio de Valdediós a los turistas, recuerda que un día uno de ellos se dirigió a ella al acabar la visita, preguntándole si sabía dónde se encontraba la “Sala de Física”.
Una vez en la citada sala, el hombre comentó
emocionado, según la señora, que aún mantenía fijas en su memoria las imágenes
que contempló en aquel lugar, horrorizado. Después, este caballero le pidió a
la señora acudir al prado cercano, enseñándole donde se encontraba la fosa
común en que fueron enterradas las personas asesinadas, y le contó que él mismo
fue obligado a ayudar a conducir a dos mujeres hasta el lugar de su
"ejecución", y que durante los hechos acabó desmayándose, pues era
muy joven.
Cuando el soldado recobró el conocimiento ya se
encontraba nuevamente en el Monasterio, donde le debían haber trasladado sus
compañeros. Este señor le aseguró a esta señora que debían ser al menos 18 las
víctimas mortales de aquella noche.
Otro testimonio nos asegura (Antonio Lorenzo): ”Nuestro primo después nos informó de varios detalles del suceso. Se llevaron que yo recuerde sobre 33 personas, las obligaron a excavar la fosa y después a acostarse en el fondo de la misma y así les mataron, menos a Antonio Piedrafita que intento huir hacia los castaños, pero le dieron un tiro en la cabeza, seguro que esta allí enterrado. Antonio era enfermero y venía de haber trabajado anteriormente en el Sanatorio del Doctor Laredo Vega. Después de aquello los perros andaban desenterrando restos humanos y alguien los enterró mejor, depositando piedras encima”.
Este detalle de los perros también nos lo aseguran
Esther Montoto y otra superviviente, confirmando que
fue el padre de esta última quién decide cubrir la fosa con piedras. El estrato
de piedras y el de tierra removida podrían ser un buen indicador de la
ubicación definitiva.
Al día siguiente 28 de octubre los militares
abandonan Valdediós y se produce un acuerdo de la
Diputación Provincial de Oviedo para que el doctor Pedro Quirós se desplace
allí para recoger a los enfermos del Hospital.
Informe
relativo a los restos humanos hallados en la fosa de Valdediós
(Asturias)
Intervención arqueológica y descripción de la fosa.
El estudio histórico y antecedentes
de la fosa de Valdediós debe consultarse en el
informe de Pedro de la Rubia y José Antonio Landera.
A solicitud de la Asociación para la Recuperación de
la Memoria Histórica de Asturias en representación de varias familias de los
fallecidos, en julio de 2003 llevamos a cabo la exhumación de diecisiete cuerpos
esqueletizados en la localidad de Valdediós, en Villaviciosa (Asturias).
El trabajo de campo propiamente dicho comenzó el día
16 de julio y al no disponer de retroexcavadora las tareas de búsqueda
comenzaron mediante una prospección con catas con la esperanza de que alguna de
ellas diera con la localización exacta de la zona de inhumación. Se contrató
una pala mecánica para la búsqueda de los restos humanos. El jueves 24 se
reanudaron los trabajos de búsqueda contando esta vez con la ayuda mecánica que
resultó más eficaz. A las dos horas de trabajo aparecieron los primeros restos
humanos. Al final del día se completó con el hallazgo de los tres primeros
esqueletos.
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La fosa era en realidad una zanja que tiene forma de
L con una anchura uniforme de entre
60 a 70 centímetros. El brazo mayor de esta L es horizontal en la ladera del prado caracterizado por su fuerte
pendiente y tiene una longitud de 11 metros. Por su parte el brazo menor sigue
perpendicular al plano de inclinación de la ladera y por tanto tiene la
inclinación de la misma línea de pendiente. Y una profundidad variable entre 40
y 100 centímetros.
Los cadáveres fueron depositados siguiendo la
disposición lineal de la zanja con la superposición de los cuerpos en la
práctica totalidad de la misma. Los 17 esqueletos recuperados son descritos de
forma individualizada.
El estado de conservación de los esqueletos es muy dispar dependiendo del lugar que ocupaban en la fosa. En general presentan una mala conservación y además una fuerte degradación aquellos restos que se encontraban en apoyo directo del fondo de la zanja.
Asesinato masivo
de mujeres “Funcionarias - Enfermeras”.
Lo que sucedió en Valdediós
fue especialmente importante por darse tres circunstancias especiales:
* La responsabilidad criminal de una unidad
regular del Ejército, y no elementos aislados o tropas extranjeras.
* La implicación de un capellán de la Iglesia
Católica en los asesinatos, al permitir y “bendecir”
la matanza.
* Asesinato masivo de mujeres “Funcionarias -
Enfermeras”.
* El sentimiento ético profesional del “CUIDADO”, así como el deber de cumplir
con su obligación como funcionarios de la Consejería de Sanidad, era más fuerte.
* En las tareas de exhumación fueron recuperados los
restos esqueléticos de un total de diecisiete personas, de las que once son
mujeres y seis hombres.
* De ente los diecisiete individuos, catorce tiene
el cráneo fracturado como consecuencia de disparos de arma de fuego. El lugar
topográfico en el que predominan los disparos es en la inmediata proximidad del
oído (temporal izquierdo o derecho). Estas lesiones son la causa fundamental de
la muerte que puede calificarse de violenta homicida en todos los casos.
* Se encuentran diferentes proyectiles de
calibre 7,92mm, procedente de un fusil alemán Kar-98,
“habitual en la VI Brigada de Navarra” que formaba parte del Regimiento que se
asentó en esas fechas en Valdediós. Todos los proyectiles
recuperados corresponden a munición de fusil.
* Aunque pudieron abandonar el hospital antes de
la entrada de los militares, el sentimiento ético profesional “EL DEBER DE CUIDAR”, así como el
cumplimiento con su obligación como funcionarios de la Consejería de Sanidad,
era más fuerte.
* No pensaron que su vida corría peligro, porque
estaban desempeñando su profesión: “cuidar”.
* Las evidencias recuperadas y el análisis de
conjunto permiten una interpretación de los hechos que concuerda fielmente con
las versiones previamente recogidas a través de testimonios.
Fondos de los siguientes archivos
Archivo Histórico Provincial de Asturias
Archivo General Militar de Avila,
sección Brigadas Navarras
Archivo General Militar de Salamanca, sección Guerra
Civil
Archivo General Militar de Segovia
Fondos de la Fundación José Barreiro
correspondientes a José Mata
Folletos del Ateneo Obrero de Gijón. Cuadernos de
Historia
Artículos de La Nueva España sobre Valdediós publicados por Eduardo García y Víctor L.
Álvarez.
Historia de Asturias, editada por Silverio Cañada.
Artículos de D. Javier Rodríguez Muñoz.
Monografías de la Guerra Civil Española de Martínez
Bande.
Mil días de fuego, de José Mª Gárate.
Guerra Civil-Frente de Asturias, de Javier Nagore.
La Libertad es un bien muy preciado, de M. Laruelo.
BUIKSTRA, J & UBELAKER, D. 1994. Standards for data collection
from human skeletal remains.
ETXEBERRIA, F. 2003. Lesiones por arma de fuego.
Problemas médico-forenses. Kirurgia 4. San
Sebastián.
ETXEBERRIA, F. 2004. Panorama organizativo sobre
Antropología y Patología Forense en España. Algunas propuestas para el estudio
de fosas con restos humanos de la Guerra Civil española de 1936. En: La memoria
de los olvidados. Un debate sobre el silencio de la represión franquista. Edit. Ambito. 183-219.
ETXEBERRIA, F. & CARNICERO, M.A.
1998. Estudio macroscópico de las fracturas del perimortem
en Antropología Forense. Study
macroscopic of the fractures made in the perimortem
of Forensic Anthropology. Revista
Española de Medicina Legal 84-85: 36-44.
MINGUEZ,
J. & SANTOLALLA, J. 2003. Los enfermeros de Valdediós:
dar vida a la memoria. Boletín Enfermería
Comunitaria 9: 27-28.
REVERTE,
J.M. 1999. Antropología Forense. Ministerio de
Justicia. Madrid.
RODRIGUEZ, J.V.
Introducción a la Antropología Forense. Análisis e interpretación de restos
óseos humanos. Anaconda
Editores. 326 pp.
KROGMAN, W.M. & ISCAN, M.Y. 1986. The human skeleton in
forensic medicine. Charles C Thomas. Springfield.
UBELAKER,
D.H. 1999. Human skeletal remains. Ed. Taraxacum. 172 pp. Washington.
VILLALAIN, J.D. & PUCHALT, F. 2000. Identificación
antropológica policial y forense. Tirant lo Blanch. 429 pp. Valencia