Todo comenzó en mayo del año 1980 cuando mis padres, a su regreso de un viaje por Gran Canaria y Tenerife,  trajeron un sobre de azúcar del Parador Nacional de Tejeda; cuando vi el sobre con la foto del Parador me quedé mirándola e inmediatamente me dije: 'esta va a ser mi colección'.

Este fue el primer sobre con el que comenzé la colección

Antes de esto  ya me había adentrado en el mundo del coleccionismo con los típicos cromos de los jugadores de fútbol, las colecciones que salían en los pastelitos Bimbo y alguna otra cosa de más peso, como las monedas.

Desde ese momento, lo comenté entre mis amigos y familiares para que en sus vacaciones no se olvidaran de traerme bolsas de azúcar; pronto empecé a recibirlas de diferentes partes de España y algunas de Europa con logotipos y fotografías muy variopintos.

Las primeras bolsas de azúcar del extranjero fueron del Reino Unido, Italia y Grecia; todavía puedo sentir la ilusión que me producía ver que mi colección iba cruzando las fronteras nacionales y abarcando países de los cinco continentes.

He de decir, que cuando comencé a trabajar en la Facultad de Informática de San Sebastián se me abrieron las puertas de par en par en lo que a la colección se refiere; los profesores y mis compañeros ya estaban al tanto de mi afición y su colaboración enseguida empezó a dar fruto; Hungría, Japón, Madagascar, Rusia, Australia,  Venezuela, El Salvador, etc

Yo también iba recorriendo los bares y cafeterías de San Sebastián y pronto empecé a vivir mi colección de una forma intensa, tanto es así que pensaba en la manera de clasificar mis sobres de azúcar, pues al guardarlos llenos me ocupan más que si los tuviera vacíos y puestos en álbumes.

Enseguida conseguí un armario adecuado para dar cabida a mis primeros miles de sobres de azúcar.

Pasado un tiempo y pensando en cómo conseguir ampliar el número de países representados en mi colección se me ocurrió contactar con diferentes hoteles y líneas aéreas del mundo y pedirles que me enviaran alguna bolsa de azúcar por correo; se me abrieron los ojos cuando un encargado de una agencia de viajes, me proporcionó un INDEX con las direcciones y números de fax de todos los hoteles del mundo. Pues, ni corto ni perezoso, confeccioné un pequeño escrito y con la ayuda de un par de profesores que lo tradujeron al inglés y francés comencé a enviar a todo el mundo solicitudes que pronto empezaron a tener una respuesta favorable y sorprendente de lugares tan distantes como Corea del Sur, Zambia, Qatar, Bahrein, Seychelles, Nauru, Fiji; algunos países ni los conocía como tales, sinceramente.

Llegado este momento tuve que ampliar el sitio para mis bolsas de azúcar y confeccioné dos nuevos armarios para ubicar a más de diez mil sobres de azúcar que tenía para finales del año 1999. 

Para una mejor clasificación de las bolsas de azúcar hice un programa en Access que me permite controlar todas las bolsas de azúcar que tengo por provincias y países gracias a la colaboración, una vez más,  de mis compañeros en la Facultad.

Las nuevas tecnologías también han sido un revulsivo para mi hobby pues Internet me ha puesto en contacto con otros coleccionistas de diferentes lugares como Girona, Barcelona, Granada, Cádiz, Huesca, Madrid, Portugal, República Checa, etc

El último campo que he abarcado en mi colección ha sido contactar con algunas casas de café que estuchan bolsas de azúcar y con toda amabilidad me han enviado verdaderas reliquias en forma de series dedicadas a obras de arte, paisajes, recetas de café, genéricos, refranes, camino de Santiago, señales de tráfico, fauna ibérica, etc

En la actualidad y, a punto de finalizar el año 2007, mi colección se acerca a los 30.000 sobres de azúcar clasificados y otros 2.000, más o menos, que están pendientes de su clasificación...